13.06.2022

No más batallas a la hora de comer

Según el Comité de Nutrición de la Academia Americana de Pediatría, la estrategia más común y erróneamente utilizada para animar a los niños a comer es el soborno. Un ambiente negativo en la mesa puede generar una dieta insana. Hay que tener siempre presente que el estrés y la presión pueden alterar la relación de los pequeños con la alimentación y persistir en la edad adulta. Sembrar semillas de autocuidado para una sana relación con los alimentos es responsabilidad de los formadores y cuidadores.

Los niños comen por necesidad, no por obligación, y esta premisa la debemos tener siempre presente. Si la acción de comer se fuerza, se altera su función natural porque los niños se desconectan de su cuerpo, no disfrutan de la experiencia y ven la hora de las comidas como algo aversivo, acabarán por detestar ese momento y la comida. Cuando los niños se sienten presionados para comer sienten la necesidad de protegerse (instinto natural) y, por lo tanto, se cierran a la posibilidad de probar diferentes alimentos al sentirse intimidados. 

¿Cómo ayudarlos para que tengan una relación sana con su alimentación desde pequeños?

Se recomienda que al menos una comida al día se realice en familia y entre más comidas logremos compartir con la familia, mayores beneficios se encontrarán. No siempre funciona, especialmente si los niños asocian el sentarse a la mesa con el estrés; en estos casos, es recomendable cambiar la situación y crear una nueva atmósfera ofreciéndoles la comida como un picnic, en la barra de la cocina o en una mesita especial para niños. El objetivo de comer en familia es darles a entender a los niños que la alimentación tiene un aspecto social y ayudarles a crear nuevas experiencias que cambien la visión que tienen con respecto a la hora de la comida con el fin de que la relación con los alimentos sea sana.

La mayoría de los niños pueden ser, en el mejor de los casos, un poco recelosos y, en el peor de los casos, desconfiados de cualquier tipo de comida que sea fuera de lo común. A la mayoría se les debe ofrecer un alimento nuevo de 10 a 15 veces antes de que lo acepten y, eventualmente, lo coman. Los niños necesitan confiar en sus padres; muchos papás y mamás deciden esconder alimentos y mentirles, por lo que los niños pueden dejar de confiar en los alimentos que se les dan y por lo tanto dejar de probarlos. Y si el niño no se entera de que lo está comiendo, ¿cómo lo va a comer el día de mañana? ¿cómo va a saber cuáles alimentos le van gustando más o menos? Recuerda que los años donde su alimentación está “a tu cargo” son minoritarios en comparación a los que elegirá su propia alimentación. Una manera de generar confianza es dejarlos comer todo lo que quieran del alimento (comida real) o receta favorita y en ese momento, ofrecer un poco de los demás alimentos en el plato. Así crearemos confianza al no presionar a comerlos, pero al colocar todos los alimentos y exponerlos, poco a poco, irán aceptándolos. 

Trata de imaginar las comidas desde la perspectiva del niño, esto te permitirá sentar las bases para poder apoyarlos y permitirá reducir los niveles de ansiedad que puede causarle la comida. Conocer las dificultades o puntos débiles del niño ayudará a generar estrategias donde, sin forzar, podemos generar una nueva dieta agregando poco a poco nuevos alimentos que no sean en un inicio los más difíciles para aceptar en el pequeño, y así, poco a poco, aumentar su dificultad. 

No debemos subestimar el poder que tienen los niños y las niñas, desde la Primera Infancia, para informarse, elegir sus alimentos en forma consciente y cuidar su cuerpo. En esta etapa, los niños son pequeños exploradores por naturaleza, con predisposición e interés para conocer sabores y texturas nuevos, ¡aprovechémosla para comenzar a formar hábitos saludables!

 

23.05.2022

Somos lo que comemos

Bajo el lema “Eres lo que comes”, el 29 de mayo se celebra el Día Mundial de la Salud Digestiva, fecha que nos convoca para reflexionar sobre nuestros hábitos alimenticios y los de nuestras familias.

En un informe titulado “El Estado Mundial de la Infancia 2019: Niños, alimentos y nutrición”, UNICEF revela que al menos 1 de cada 3 niños menores de 5 años –o más de 200 millones– está desnutrido o sufre sobrepeso. 

A medida que los niños crecen, su exposición a los alimentos poco saludables es alarmante, debido en gran medida a la publicidad y la comercialización inapropiadas, a la abundancia de alimentos ultraprocesados y al aumento del acceso a la comida rápida y a las bebidas altamente edulcoradas.

Como resultado, los niveles de sobrepeso y obesidad en la infancia y la adolescencia están aumentando en todo el mundo. Según el mencionado estudio, entre 2000 y 2016, la proporción de niños con sobrepeso de entre 5 y 19 años de edad se duplicó, pasando de 1 de cada 10 a casi 1 de cada 5. Hay 10 veces más niñas y 12 veces más niños de este grupo de edad que sufren de obesidad hoy en día que en 1975.

Lamentablemente, la obesidad es una de las enfermedades que antes eran catalogadas “de adultos” así como también la diabetes, la hipertensión e incluso la mala salud dental, y que ahora son moneda frecuente en los niños.

Estas cifras alarmantes nos obligan a reflexionar sobre nuestras responsabilidades como adultos para promover hábitos de alimentación saludable y perdurables en nuestros hogares:

  • Identificar alimentos nutritivos y asegurar su disponibilidad en casa. Ya hemos derribado el mito de que comer saludable, es caro. Alimentos como las lentejas, los frijoles, los garbanzos o el maní, son excelentes opciones.

  • Dar el ejemplo. Nuestros/as hijos/as nos ven y nos copian. Seamos nosotros, los adultos, los promotores y ejemplos de una alimentación saludable.

  • Aprender a leer etiquetas. Conocer perfectamente qué alimentos ofrecemos en casa y compartir nuestros hallazgos con nuestros/as hijos/as.

  • Promover el sabor real de los alimentos. Evitemos el uso de edulcorantes, saborizantes, condimentos en exceso. Entrenar los paladares es un proceso gradual pero que vale la pena hacer para disfrutar del sabor real de los alimentos.

La alimentación es la base de la salud; nuestras elecciones alimentarias pueden ser nuestra mejor medicina o, en su defecto, el peor veneno.

Tal como lo expresó Henrietta Fore, Directora Ejecutiva de UNICEF, “No se trata sólo de conseguir que los niños coman lo suficiente; se trata de conseguir que coman los alimentos adecuados” y nosotros, los adultos, somos los protagonistas en este gran desafío.